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Al comenzar mi último viaje… descubrí que no tener el chip en ninguna de mis tarjetas de crédito podría convertirse en un pequeño problema. Todas tienen banda magnética y, demás estar decirlo, por el momento no funcionan con PIN en mi país -Argentina- ni en ningún lugar del mundo. 
En Europa el furor por el chip se dio en Inglaterra donde los comercios, cansados de perder dinero por los fraudes, solo aceptaban tarjetas con “chip”. Los postnet de los negocios pueden recibir ambos pagos con el plástico que tenga indistintamente banda magnética o chip. Pero hasta llegar a esa conclusión tuvimos que vivir… ¡¡¡nuestra propia experiencia!!!

Esta introducción viene a cuento porque en general no queremos utilizar nuestras tarjetas de crédito en los viajes para evitar cualquier sorpresa desagradable cuando llegue el resumen bancario a nuestro buzón.

Nosotros optamos por llevar efectivo, ¡los billetes contantes y sonantes!, lo que pensábamos gastar ¡¡¡y listo!!! Consideramos que era la mejor manera de controlar los gastos que generaba el viaje.

Pero en esta oportunidad, por no haber cambiado de moneda al ingresar a Londres tuvimos que utilizar las tarjetas de crédito para pagar y… ¡¡¡ups!!! apareció el primer quid del viaje: PIN o no PIN, CHIP o NO CHIP… ¡¡¡esa es la cuestión!!!

Esto ocurrió cuando quisimos sacar la tarjeta de transporte Oyster en Londres. Estábamos en la ventanilla de la estación del Metro, al frente de una larga cola que aguardaba con impaciencia a que terminara mi trámite.

La empleada del Metro probó todas mis tarjetas de crédito y me dijo que no servían porque no tenían el bendito “chip”, ni yo el PIN.  Le expliqué que en mi país algunas de las nuevas tarjetas de crédito llevan un chip y que ninguna funciona con un PIN, a no ser que quieras sacar dinero de un banco.

Esta señora de la ventanilla probó las 10 tarjetas que le entregué y mientras lo hacía llegué a pensar que todas mis tarjetas se habían desmagnetizado, seguramente tendría que llamar a AMERICAN EXPRESS, a VISA y a MASTERCARD para que las renueven y me angustié de solo imaginar en hacer esa larga gestión.

Pensaba en eso hasta que me di cuenta de que entre todas mis tarjetas, sin haberlo querido y gracias a Dios, ¡¡¡había llevado de viaje a mi tarjeta de débito!!! Mi marido en cambio la había dejado en casa, pensando ¿para qué? Y al final esta tarjeta nos salvó…

Decidí como última opción entregarle mi tarjeta de débito a esta señora…y ¡¡¡bum!!! ¡voilá! ¡¡¡Sorpresa!!! Luego de colocar en el postnet mi “bendito” PIN… el pago ingresó. Por fin, luego de 10 minutos interminables acodados en esa ventanilla del metro de Londres, pudimos conseguir las tarjetas OYSTER…

Mi consejo: Si entregás tu tarjeta de crédito en Londres y los países escandinavos, aclará con vehemencia que no tenés PIN… y por las dudas llevá con vos las tarjetas de débito de tus bancos, tal vez ellas puedan salvarte en algún momento. A nosotros nos salvó en esta vuelta y en otra más estando en Ámsterdam cuando intentamos comprar un ticket de tren desde una máquina en la estación central.

Y aquí estoy haciendo un homenaje a ¡¡¡MI tarjeta de débito!!! tal vez te sonó ridículo, ¡¡¡pero te garantizo que no lo es!!!

A ella le doy mis GRACIAS por colarse en este viaje.

Solo que ahora sufro de un tic… cada vez que entrego mi tarjeta de crédito para pagar sin querer digo: ¡¡¡NO PIN !!!

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